En la mente de las personas que no han pasado por ello suele haber dos tipos de embarazadas: las felices y las deprimidas, una visión fruto en muchas ocasiones de lo que nos muestra la publicidad y el cine. Especialmente predomina una visión de la embarazada feliz porque espera con ilusión un hijo.

No negaré, que, salvo en el caso de embarazos no deseados, exista esa ilusión. Pero, ¿se puede esperar un hijo sin estar feliz? ¿Es posible, y, más importante, es normal que nuestro embarazo no sea tan bonito como esperábamos? La mujer puede llegar a incrementar su malestar si piensa (o le hacen creer) que no es normal que su estado de ánimo no sea óptimo.

Pero los cambios de carácter durante el embarazo son habituales, ya que los cambios hormonales revolucionan nuestro cuerpo, y probablemente nuestros sentimientos sean un tíovivo que pasa por momentos dulces y amargos, por momentos críticos y tranquilos.

Precisamente el aspecto físico de la embarazada suele causar malos sentimientos en las futuras mamás, que ven cómo su cuerpo sufre una revolución y cambios inesperados. Por eso es importante informarse bien de cuáles pueden ser esos cambios, para que no nos pillen por sorpresa (entonces es más difícil entenderlos) y los acepten con naturalidad como algo (habitualmente) pasajero.La embarazada también puede pensar que probablemente en unas semanas su estado anímico cambie, pero que no sucede nada si no es así, incluso hasta el final del embarazo. Normalmente, cuando llega el bebé, aunque sea tan tópico, “todo lo malo se olvida”.

En definitiva, aunque muchas para mujeres el embarazo puede ser una etapa maravillosa, no debemos pensar que cuando el embarazo no es tan bonito como te imaginabas estás atravesando una rareza. El entorno debería ser comprensivo con estas mujeres y ayudarlas en lo posible para que se sientan mejor.

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